martes, septiembre 24, 2013

ACÁ

-Convengamos en que no soy quien digo ser.
Se ha inclinado apenas hacia mí, en el afán de compartir no sólo su incertidumbre existencial sino ya que estamos su halitosis.
La ruta está desierta en esta zona de montaña, empieza a caer la noche y es probable que ya no nos crucemos con otros vehículos. La gente sensata no viaje de noche por estos caminos.
Detengo el coche y le pido que se baje.
-¿Acá?
-Acá.
Baja. No le doy tiempo a cerrar la puerta, arranco y acelero a fondo. En el retrovisor se recorta su figura, empequeñeciéndose. Se lo traga la siguiente curva.
Años más tarde, en un atardecer de invierno, me llama a mi teléfono fijo.
-¿De dónde sacaste este número? Acabo de mudarme y no recuerdo habérselo dado a nadie.
Corta, sin responder. El identificador de llamadas no lo registra.
Cierro los ojos y veo al auto perderse detrás de la primera curva.
Aunque al abrirlos compruebe que estoy en mi departamento, sé que nadie vendrá a rescatarme.

La gente sensata no viaja de noche. 

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